Chicos, sigan este
modelo en la elaboración de su texto argumentativo.
¿Debemos celebrar Halloween en Lima?
(Texto
argumentativo)
Desde hace algunos años, aproximadamente desde
inicios de los ochenta, se observa una nueva costumbre en nuestra ciudad, la fiesta de
Halloween. Uno puede notar que es una celebración foránea inmediatamente
por el nombre. Este es anglosajón y su significado es “todos los santos”. Procede de
ciertas costumbres europeas muy antiguas, relacionadas con prácticas mágicas.
La pregunta es
si resulta sensato celebrar tal fiesta en Lima. Mi punto de vista
es que resulta absurdo y que es hasta negativo. A continuación,
trataré de explicar mi parecer recurriendo a situaciones perfectamente
corroborables para cualquier lector limeño medianamente enterado.
Ante todo, debemos notar que la fiesta de Halloween pertenece a una cultura muy
diferente de la nuestra. Antiguamente, en Europa, se practicaban mucho
más intensamente los ritos mágicos asociados con creencias no cristianas;
dentro de tales misterios, los brujos y brujas observaban diversas fechas de
gran valor de acuerdo con sus concepciones del mundo. Una de esas fechas era
la medianoche entre el 31 de octubre y el día 1 de noviembre. Mucho más
tarde, la fiesta se convirtió en una costumbre con escaso significado incluso
para los europeos y las colonias inglesas en América. Entonces, si para los pueblos cuyas culturas produjeron
este rito no significa ya nada, para nosotros resulta más que evidente que
carece absolutamente de relevancia.
Actualmente, la profunda penetración de los medios
comunicativos norteamericanos dentro de la sociedad limeña ha introducido un
gran número de elementos culturales, entre los cuales se encuentra el
Halloween. Para los norteamericanos, actualmente, la celebración de las
calabazas caladas es un pretexto para la socialización, para nosotros, no existe mayor respaldo cultural enlazado con la vida
de las generaciones anteriores a nosotros que el remedo de otro pueblo.
Hemos visto que el día de Halloween es una
importación cultural absolutamente desmotivada; sin embargo, no se le
puede acusar de carecer de parafernalia propia. En nuestro medio, realizadas
las necesarias adaptaciones locales, seguimos todos los preparativos para la
fecha, lo que exige la compra de adornos diversos para decoración, disfraces,
golosinas y bebidas, tanto gaseosas como alcohólicas.
En
conclusión, Halloween solo causa efectos indeseables, no alienta ningún
valor o significado social, obliga a gastar dinero y hasta causa situaciones
molestas para los ciudadanos. Esta fiesta, pues, no debería ser alentada
y las autoridades, quizá, deberían tomar una postura más enérgica contra los
desmanes que, eventualmente, puede originar.
Mónica Gastelú
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